Hace unos días el joven Drako contaba de esa rara admiración que siente por un piloto al que por una cuestión elemental de edad, nunca pudo ver y del que seguramente poco ha escuchado hablar...
Es por eso que acá les traigo una nota que hice el año pasado sobre Francois Cevert para la Columna de Grandprix-argentina.com.ar
Espero que lo disfruten
Cevert, La Estrella Fugaz Por Dani
Hay veces que la vida, se empeña en jugarnos bromas, y entonces pone en nuestro camino a una estrella fugaz...
Nunca les pasó? Son, por ejemplo, aquellas mujeres que aparecen un buen día en nuestra vida y la iluminan de golpe, la dan vuelta como una media, y cuando queremos darnos cuenta de lo que ocurre, ya pasaron, ya se fueron, dejando tras de si su estela, su recuerdo profundo...y nosotros...contando y reparando los destrozos que causó el vendaval...
En la historia de la Formula Uno, François Cevert, fué justamente eso... una estrella fugaz... iluminaba todo a su paso, fué famoso, amado, admirado, marchaba con paso rápido a la gloria, quizás al Campeonato del mundo... en una época donde la EFE 1 era glamour,fiesta y heroísmo, el fué un príncipe y un 6 de Octubre de 1973, de golpe marchó al encuentro con su destino.. y se fué como había llegado... como una estrella fugaz...
Su nombre apareció por primera vez en el mundo del automovilismo en Octubre de 1966 en Magny Cours, donde se disputaba la final del Volant-Shell. Eran todos muchachos jóvenes que postulaban a destacarse.
François, nacido el 25 de Febrero de 1944, en París, de una familia de joyeros,su padre, ruso de origen judío, había salido de la nación zarista con su familia a principios de siglo XX, acosados por su religión y por motivos políticos.
Montó una joyería en París, su nombre era Charles Goldenberg y justo antes de la II Guerra Mundial se casó con Huguette Cevert.
Al nacer, al niño se lo anotó como François Albert Goldenberg, pero optó por utilizar el apellido de su madre, por el que luego fue mundialmente conocido
Era un muchacho moreno, de ojos azul-verdosos, de alborotada cabellera. Desde sus primeros años se interesó por los deportes, especialmente mecánicos.
1970 será el año del debut de Cevert en F-1, previamente integró el equipo Matra de Prototipos, debutó en las 24 horas de Daytona
y hacia fin de temporada ganó junto a Jack Brabham los 1.000 kilómetros de París.
Cuando Johnny Servoz-Gavin, coequipo de Stewart en la escudería Tyrrell, se resintió de una lesión a la vista y decidió abandonar las competencias, se eligió a François Cevert para reemplazarlo. No fue un buen año para la Tyrrell, pero sí muy importante para el joven piloto francés.
Cevert obtuvo su primer punto para el Campeonato Mundial en el Gran Premio de Italia. En 1971 afirmó netamente su talento y entró en definitiva a la elite de la categoría, no solamente por haber ganado su primer Gran Premio de F-1, sino por cómo se desarrolló esa temporada, fue dos veces segundo, detrás de Stewart (Francia y Alemania). Hasta que triunfó en Watkins Glen, el primer triunfo de un francés desde Maurice Trintignant en 1958.
No obstante su éxito en la máxima categoría, continúo participando en Prototipos y F-2, sin embargo la temporada de 1972 no comenzó
con mucha fortuna para Cevert, terminó el año en 6º lugar en el Campeonato Mundial. Pero 1973 sí habría sido su más brillante temporada. Fue seis veces segundo, una vez tercero, dos veces cuarto y una vez quinto. El porvenir le sonreía.
A los 29 años de edad parecía ser uno de esos elegidos de los dioses, pero esos mismos dioses dispusieron de otra manera en la fatídica "S" de Watkins Glen, allí donde dos años antes había obtenido su primera victoria.
Lo que sigue es el testimonio de un periodista europeo que esa fatídica mañana presenciaba los entrenamientos previos a la carrera:
Era el Viernes 5 de Octubre, a pocos minutos de la primera sesión de entrenamientos en Watkins Glen, el cielo estaba nublado, llovía,
pronto un viento sostenido empujó las nubes. Cuando terminó el entrenamiento el cielo estaba claro. François había registrado el tercer mejor tiempo, detrás de Peterson y Stewart. "Todo va bien, sólo que después de 10 vueltas el dolor reaparece ligeramente y cansa un poco", había dicho Cevert, reflejando su ligera inquietud por sus pies lastimados en Canadá.
El Sábado el cielo estaba absolutamente límpido. Cuando los primeros coches entraron a la pista, la temperatura era fresca. Los rayos del sol venían apenas a acariciar la piel. Ibamos a asistir a la jornada de entrenamientos desde la cumbre de una torre metálica, dominando la "S" de Watkins Glen.
Es una pasada muy rápida, donde la pista está bordeada de cordones de seguridad. A la distancia se tiene la impresión de que las ruedas de los monoplazas rozan las defensas, lo que resulta tanto más impresionante debido a la velocidad de los coches.
En seguida la pista hace un codo cerrado a la derecha, llamado "el 90", por los 90 grados de la curva, los F-1 salen en tercera, aceleran a fondo, pasan en cuarta y reaceleran para entrar, 200 metros más allá, en la primera parte de la "S" de la que hemos hablado. Es ahí donde los verdaderos ases, como Stewart y Fittipaldi les sacan tiempo a sus adversarios.
A nuestros ojos, todos hacen prodigio de sus pericia en ese pasaje de la pista. Se admira la línea de Peterson, cuya velocidad parece fantástica. Se admira de igual manera, la soltura de Stewart, uno de los pocos que pasa en quinta velocidad. Muchas veces se tiembla, como cuando el Surtees de Pace parece derrapar, consiguiendo su piloto recuperrar el control casi milagrosamente, o cuando Hunt parece despreciar toda prudencia al volante de su March.
¿Y Cevert? hace pasadas soberbias, de gran arte. No hay nada que decir. Quedan 10 minutos para el final de los ensayos, dejamos nuestro punto de mira para volver a los stands. Frente al viraje llamado "el 90" nos detenemos para seguir a Cevert con la mirada, sin saber que será por última vez.
Frena para "el 90", y el Tyrrell desacelera impecablemente. Pensamos que los Tyrrell siempre han andado bien en esta pista. Cevert acelera a la salida de la curva y el ruido de su motor es cubierto por el de otro coche, el Mclaren de Scheckter. En ese momento se produce el accidente, son las 11:54 del Sábado, estamos lejos, pero vemos a un coche oficial sobre la pista, seguido de uno de bomberos, de una ambulancia y de otro carro bomba.
Angustia, ninguna señal aparece más allá de los árboles. ¿Será una falsa alarma?...
Luego un silencio sepulcral cae sobre el circuito. Los altoparlantes están mudos. En los stands todas las expresiones están ansiosas, John Surtees corre hacia un comisario de pista, que está en comunicación con todos los sectores del circuito.
-¿Qué pasa?, ¿Quién es?...Es un coche azul...
Pero el rumor ya circula, "es Cevert", Stewart ha pasado frente al box de Tyrrell haciendo señas. Los minutos pasan, Ken Tyrrell ya no está en su stand,. Se trata ciertamente de Cevert.
Emerson se detine en el box de Lotus, no puede responder, abandona su coche y va a ocultarse. Luego llega Ickx, después Beltoise, pálidos detrás de sus cascos
-¿Es François?, -Sí, es François...-¿Cómo está?...
-...He visto a un enfermero cubrirlo con una sábana...Alguien dice.
Beltoise deja correr sus lágrimas, Ickx no se mueve de su coche.
Jackie Stewart sostuvo que el accidente no lo causó una averia en el coche, si no que François perdió el control del coche por superar un bache situado el lo alto de las eses en 4º velocidad, en lugar de en 5º. Al hacerlo en 4º(casi al maximo de revoluciones), si las ruedas traseras perdían contacto con el asfalto, al "aterrizar" el monoplaza se volvia muy nervioso. Esto es lo que le ocurrió a Çevert: al superar el bache levantó el pie y el coche fue en la dirección del contravolante. Si Çevert hubiera superado las eses en 5º velocidad, posiblemente el motor no hubiera tenido una respuesta tan brusca.
ese 6 de octubre, François pilotaba el Tyrrell 006, con el nº6 y el motor Cosworth nº066.
Hay muchas leyendas de supersticiones en el mundo del motor, la muerte de Seaman, Ascari, Senna, se encuentran enlazadas a coincidencias, pero ninguna quizá sea tan intrigante como el hecho que la trágica muerte de Francois Cevert en Watkins Glen en 1973, fue predecida por una adivinadora, muchos años antes.....
Cevert llevaba años saliendo con su novia Anne Van Malderen “Nanou”, una preciosa rubia que conoció en Saint Tropez en 1964. Ella estaba casada, lo cual complicó las cosas al inicio, pero pronto formaron una sólida pareja. Ella cuenta la historia: “En 1959 fui con mi madre a visitar una adivina que le había sido recomendada.
Tal adivinadora utilizaba un curioso método: te miraba fija y largamente y examinaba una fotografía. Luego escribía algo ilegible.
Yo era escéptica en aquellos tiempos. La adivinadora , de repente, me dijo: ”Tu matrimonio no durará. Conocerás un hombre que dejará una huella imborrable en tu vida, conocerás la felicidad. Puedo ver sus ojos azules.
Puedo ver el mar; lo conocerás cerca del mar”
En 1964, conocí a François en St.Tropez. Dos años después, cuando François decidió acudir a la beca Shell, decidí volver a consultar a la adivinadora. No le dije nada sobre François.Sólo le mostré su fotografía. No dijo nada durante una hora.”Ya le has conocido”, dijo.“Es extraño, su imagen se me aparece toda mezclada con una extraña máquina; tiene ruedas pero no tiene cuerpo; ¿qué puede ser?”
“Es un coche de carreras”, dije.
”Acudirá a una especie de examen, ganará, veo una brillante carrera, pero…no lograrás retenerle, su éxito os separará…este hombre no cumplirá 30 años” Era 29 de junio de 1966.
Cuando después vi a François aquella tarde, se lo conté.”Vas a ganar la beca Shell”. Esto le tranquilizó. Estaba inquieto por haber decidido ingresar en la escuela de pilotaje de Magny-Cours y no estaba seguro de que estuviera preparado para afrontar el test Shell. ”También me contó que tendrías una brillante carrera pero que tu éxito nos separaría”.
“Está loca, tu vidente, dijo Francois cuando se enteró. Iré yo mismo a ver qué me cuenta”. François la visitó en septiembre.
Cuando volvió, me dijo. “¿La llamaste, acaso?” ”No, ¿para qué iba a hacerlo?” ”Sus predicciones fueron idénticas a las que te hizo” ”¿Te contó también que yo no viviría 30 años?”Déjalo François, es todo una tontería, nadie puede leer el futuro”
“¿TE LO DIJO?” Me miró y sonrió.”¿Qué importa?, para entonces ya seré campeón del mundo…morir en el pináculo de mi fama, ¡qué muerte más gloriosa!”
Años después, Nanou decidió visitar a la vidente, pero esta vez se llevó una foto de Cevert cuando era niño, imposible de reconocer. Tras un largo silencio, le miró y dijo: “Está muerto”.
Datos periodísticos tomados de Automundo y el Quinto Elemento
fotografías de Automundo SALUDOS, DANI
Nota: Cabe aclarar que a diferencia de la mayoría de las notas de esta columna, la presente fué escrita por mí en sus primeros dos párrafos, lo demás son documentos periodísticos hallados en diversas webs
